General Arrando: obra en marcha

Visitar una obra es entrar en un universo distinto. Un lugar donde todavía nada está terminado, pero todo empieza a tener forma. En la vivienda de General Arrando, cada rincón habla de ese proceso: herramientas que descansan después de horas de trabajo, pasillos protegidos para recibir los nuevos materiales, papeles con notas rápidas que cuelgan de las paredes como recordatorios del día a día.

En esta fase, los oficios se entrecruzan. Carpinteros midiendo y ajustando piezas, montadores preparando huecos que pronto se llenarán de vida, instaladores afinando detalles invisibles pero esenciales. Es un ritmo constante, casi invisible desde fuera, que da solidez al proyecto.

Lo interesante de estas visitas es que nos permiten comprobar cómo las ideas empiezan a convertirse en materia. Los planos, tan claros sobre la mesa, se enfrentan aquí a la realidad del espacio, la luz y la escala. Decisiones que parecían sencillas se matizan en directo; otras, inesperadas, aparecen y reclaman atención. Es en esos momentos donde se demuestra la importancia de estar presentes, de acompañar cada paso y de confiar en el trabajo conjunto de todo el equipo.

Estas fotografías muestran precisamente eso: no el acabado final, sino la belleza del proceso. Un operario sobre una escalera, midiendo con paciencia; un tablero apoyado en un caballete, a la espera de convertirse en parte de la vivienda; el trazo rápido de un esquema en la pared, señalando un detalle que no puede olvidarse. Son imágenes que condensan la esencia de la obra: el trabajo en equipo, el cuidado por lo invisible y la convicción de que cada gesto suma.

General Arrando todavía no está lista, pero ya transmite lo que será: una vivienda donde cada detalle se ha pensado, decidido y trabajado con rigor. Y eso, aunque aún falten capas de polvo por barrer, ya se percibe en el ambiente.

Fotografías: Miriam Ruano | al otro lado


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